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Solo y sin recursos en Soria, Emilio José Mellado acude a la casa de acogida Beato Palafox de Cáritas-Diocesana

Aquí estoy bien, me llevo bien con los compañeros. Algunos días me toca hacer la comida, limpiarEstoy súper agradecido a Cáritas, me ha dado esta oportunidad de poder de formarme en dos cursosPara examinarme de conducir, Esmeralda me hizo la acogida de los permisos. Salí cuatro permisos con ella”

De entrada, Emilio José Mellado Sánchez, sevillano de 47 años, se expresa en corto con frases que resumen un claro pensamiento. En adelante y a partir de ahora quiere llegar a esa vida cotidiana de la gente corriente. O sea, lo normal: vivir en su casa y contar con trabajo. Hacerlo en Soria le parece una bonita opción.

De momento comparte piso en la ciudad con otros cuatro compañeros. Todos ellos con situaciones de necesidad. Ni tienen un hogar, ni cerca a la familia, ni ingreso alguno. Condiciones que considera Caritas diocesana para alojarlos en el ‘Beato Palafox’.

Es un recurso temporal, por unos seis meses, que puede prolongarse otros seis más. Pero una solución muy de acorde con el momento que atraviesa. Emilio se encuentra cumpliendo una condena de trece años, pero ahora que accedió al ‘tercer grado’ solo cada quince días visita el centro penitenciario.

Así que el piso de Cáritas ubicado en la calle Fueros de Soria es para Emilio, de momento, su casa. “Me siento acogido, no me puedo quejar. Tengo apoyo, no me falta de nada. Súper agradecido”. Un sentimiento que brota de su boca y que nació primero con la atención que recibió del capellán de la prisión de Soria, el padre Ángel, de la educadora social Esmeralda, del director diocesano de Cáritas Alberto, o de la misma Mónica, trabajadora social. “Si no fuera por ellos, estaría allí, hasta la total. Ahora me encuentro en semi libertad”.

Tener un hogar, encontrar un trabajo

Emilio es uno de los más de cuatro millones de beneficiarios de la labor caritativa y asistencial de la Iglesia. Y quienes nombra son los profesionales que les acogen y atienden en los 9.222 centros asistenciales que mantiene abiertos por todas las diócesis españolas.

“Aquí estoy bien, me llevo bien con los compañeros”,  se refiere Emilio al piso que comparte. Todos disponen de su propia habitación, que además cuenta con su baño. Luego disfrutan de las estancias comunes como el salón y la cocina. Son ellos los responsables de mantener todo limpio y ordenado. Y también se encargan de hacer la compra para toda la semana. “Algunos días me toca hacer la comida”, apunta Emilio, una tarea en la que los cinco se turnan.

Llevar así las cosas de la casa promueve entre ellos valores como la solidaridad y la comprensión, convirtiendo el piso Beato Palafox en un hogar para ellos. Con ese trasiego del día, también van adquiriendo habilidades sociales, que luego les ayudan a relacionarse de modo adecuado con los demás.

Pero junto a adquirir hábitos de vida saludable y manejarse en la manutención de una casa, Emilio también precisa mejorar su capacitación profesional para aumentar sus posibilidades de acceder a un empleo. “Me levanto a las ocho de la mañana porque a las nueve tengo que estar en el cursillo de hostelería con Cáritas. Luego por la tarde asisto al curso de fontanero. Me apunté a los cursos que hago, bueno, me apuntó Esmeralda, para quedarme aquí en Soria, para encontrar trabajo y empezar una nueva vida”, recalca esperanzado.

Hacia una vida normalizada

Todo lo anterior igual se entiende mejor en una versión un poco más larga, que arranca cuando aún Emilio se encontraba recluido y Cáritas empezó a acompañarlo para al final acabar acogido en el Beato Palafox. Él, un hombre que de primeras no habla de más, ahora se esfuerza contándolo. “Yo llegué hasta aquí porque me saqué el teórico del carnet de conducir, y me hacía falta sacar el práctico. Esmeralda habló conmigo, para examinarme por Soria. Entonces me hizo la acogida de los permisos para salir de prisión. Estuve saliendo cuatro permisos con ella. Me examiné y me saqué el carnet”.

Ya con el carnet de conducir en la mano, llega enero de este año y Emilio pudo optar al tercer grado telemático. Pero siempre que tenga alguien que lo avale. Cáritas continúa apostando por él y se decide que forme parte del hogar “Beato Palafox”, al tratarse del recurso más idóneo de paso hacia una vida normalizada. Y en eso está, preparándose con cursos de empleo para vivir de su trabajo.

Porque la idea de Emilio es dar la espalda su pasado. “Vengo de Sevilla capital, de las Tres mil viviendas, un barrio conflictivo”, aclara Emilio. “No quiero volver allí. Nada más ir a ver a la familia, de vez en cuando. Yo soy religioso. Mis padres eran religiosos y ellos me inculcaron eso”.

A los quince años caí en la droga y de ahí pasé a prisión. Estuve varios años: entré en Sevilla I y luego me pasaron a Huelva. Y de Huelva pedí venir a la prisión de Soria, porque aquí había trabajo en sus talleres ocupacionales”. Esto le permitió a Emilio no ser una carga para la familia y ocupar la cabeza en otra cosa que no fuera solo la prisión. Fue entonces cuando en su vida se cruzó Cáritas, y ya conocemos cómo va todo lo demás.

“Estoy súper agradecido a Cáritas, porque me ha dado esta oportunidad de poder salir de permiso, de formarme en dos cursos. Estoy bien en un piso, con buenos compañeros. Me gustaría empezar una nueva vida en Soria, es una ciudad muy tranquila y bonita”.

15/06/2022

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